• Ex, Roma, 2000 ©Marcelo Brodsky, Nexo, 2001. De todos los “ex” posibles, el exilio es quizá el más antiguo. Usado como castigo en la Antigüedad, en este caso fue un salvoconducto hacia la vida. Logramos sobrevivir, y era eso lo que queríamos. Si fue exilio con dolor o dorado no viene al caso. Cada uno tuvo el suyo, y formó parte de la construcción de una persona nueva, definitivamente distinta de la anterior.
  • Socios, Puerto de Barcelona, 1982 ©Marcelo Brodsky, Nexo, 2001.En el puerto de Barcelona, asientos numerados frente al mar. La espuma que se eleva al golpear contra la escollera demuestra que hay movimiento. El regreso al mare nostrum, que es cuna y es futuro. Un escenario de dudas y horizontes múltiples. Los barcos esperan para llevarnos a cualquier lugar, menos a la Argentina.
  • Las llaves. América 34, Barcelona, 1979 ©Marcelo Brodsky, Nexo, 2001.Como los judíos expulsados de Sefarad, que llevaron consigo la llave de su casa y la guardaron durante quinientos años, nuestras llaves vinieron con nosotros en maletas y bolsillos. Llaves de casas allanadas, destruidas, violadas... compartiendo el mismo llavero con las nuevas, que abrieron otras puertas y nos permitieron construir otra vez un hogar quizá definitivo, quizá pasajero.
  • Retrato de un amigo en el exilio. Barcelona, 1982 ©Marcelo Brodsky, Nexo, 2001.Un retrato en el exilio lo es de un fragmento de persona que intenta reconstruirse, reconstituirse, ser de nuevo. Un rostro incompleto, de rasgos ocultos, latentes. Unos ojos empañados, oscurecidos, que miran a través de lana negra la nueva realidad que intentan comprender.Los amigos en el exilio reemplazan a la familia, y constituyen un lazo similar al de la sangre, pero distinto. Las fiestas, los cumpleaños, se celebran con la nueva familia integrada por la camada de amigos que llegaron más o menos juntos. La intimidad de la relación familiar es completa, pero el rostro y la historia no lo son.
  • En la escollera. Puerto de Barcelona, 1979 ©Marcelo Brodsky, Nexo, 2001.Cuando llegué al exilio tenía una familia que ya no tengo más.Mi familia del exilio atraviesa la escollera del puerto de Barcelona y parece que se va a caer. Su imagen se ha reducido a unos trazos. Una mano se levanta, buscando tomarse de una manija que no hay. ¿O se está despidiendo? El plano está inclinado, el equilibrio es inestable. El niño, ya un hombre, ha crecido. Pero no lo vi más. Tal vez haya olvidado que fui su papá.
  • Autorretrato quemando cosas. Guinardó, Barcelona, 1981 ©Marcelo Brodsky, Nexo, 2001.Para hacer lugar a lo nuevo, es necesario aligerar el peso.Quemar las cosas que ya no servían, en un crepúsculo barcelonés, fue un rito necesario, de pasaje y de apertura.Como rastrojos cuyas cenizas fertilizan, los viejos muebles, fotos y cartas encontraron en el fuego su reposo, dejando un lugar en el corazón para lo que tuviera que venir.
  • Autorretrato fusilado. Plaza de San Felipe Neri, Barcelona, 1979 ©Marcelo Brodsky, Nexo, 2001.Es curioso que al mostrarle esta imagen a los amigos que compartieron el exilio, muchos de ellos recuerden tener fotografías similares de la misma época. Aparecemos siendo fusilados, acribillados, perseguidos... Parece que la imagen hubiera actuado como una forma de reconocimiento de la situación que habíamos pasado y como un mecanismo para superar el miedo.
  • Jugando a morir II. Diana, Leo y Dany, Miramar, 1974 ©Marcelo Brodsky, Nexo, 2001.Cuando rescatamos de un viejo álbum guardado en un ropero esta imagen de mis amigos Diana, Leo y Dany a los diecisiete años, escenificando un juego macabro durante un viaje a la playa, pudimos comprobar el sentido anticipatorio que se esconde en cada fotografía. Aún faltaban dos años para el sangriento golpe militar que nos tocaría sobrevivir a los cuatro, pero ya sabíamos, de modo inexplicable pero cierto, lo que podíamos esperar del futuro.

MÁS SOBRE LA OBRA

OTROS PROYECTOS

  • 1968, EL FUEGO DE LAS IDEAS
  • TIEMPO DE ÁRBOL
  • REZO CON MIS PIES
  • CORRESPONDENCIAS VISUALES
  • BUENA MEMORIA
  • NEXO
  • VISLUMBRES
  • PALABRAS