BOSQUE DE LA MEMORIA

La provincia de Tucumán fue uno de los escenarios más sangrientos de la represión militar. Demasiados muertos para una provincia tan pequeña. En diciembre de 1996, la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de Tucumán propuso a la Universidad Nacional de Tucumán que cediera unos terrenos de los que disponía en el Parque Biológico Sierras de San Javier para plantar un bosque en memoria de los desaparecidos.

La Universidad aceptó la propuesta y cedió el terreno. Se invitó a las familia que tuvieran un desaparecido a plantar un árbol en su memoria. Cada familia plantó su árbol en el Bosque de la Memoria y lo identificó como pudo: un cartel, una piedra, un papel plastificado. Algunos árboles prosperaron, otros fueron atacados por plagas o no fueron regados.

Los familiares de los que faltan ataron los carteles de identificación de cada desaparecido al árbol que le dedicaron con hilos, con alambres o con cintas… Al aire libre, fueron sufriendo un deterioro progresivo por su exposición al agua, al viento y a los cambios violentos de clima.

Hoy los carteles se han deteriorado casi por completo y suponen una especie de segunda desaparición de aquellos a los que se quiso recordar.

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